MÁLAGA, España – El 43 Festival de Teatro de Málaga cierra sus segunda edición con un gran broche de oro. El certamen se despide tras haber completado una edición muy buena, caracterizada por el nivel de su programación y el respaldo unánime de los espectadores. Buena parte de las obras que se han podido disfrutar venían avaladas por haber sido fuertemente premiadas en los diferentes galardones que se han otorgado últimamente en el sector teatral. Este palmarés no hace sino confirmar el riguroso trabajo de selección y el firme compromiso del festival por traer a Málaga propuestas de indiscutible calidad, permitiendo al público local ser testigo directo del mejor teatro contemporáneo que se está haciendo en el país.
El encargado de poner el colofón a esta exitosa andadura fue Fronteras, una coproducción de la prestigiosa firma Pincheforn Producciones S.L. Con un foto lleno se recibió la obra que es dirigida por el galardonado Andrés Lima —uno de los directores más personales y respetados de la escena nacional— y protagonizada por un tándem actoral de auténtico lujo: la ganadora del Goya Carolina Yuste y el también laureado Eneko Sagardoy.
Una plataforma circular y una extenuante exigencia física sería el preámbulo con el que el público se enfrenta en la propuesta. Fronteras destaca por la experiencia para el público arranca de manera impactante: mientras los asistentes entran al patio de butacas y buscan sus asientos, Carolina Yuste ya se encuentra sobre el escenario, corriendo sin descanso alrededor de esta plataforma y realizando diversos ejercicios de alta intensidad. A esta extenuante rutina de entrenamiento físico se suma posteriormente su compañero, Eneko Sagardoy. Esta constante y rigurosa labor física por parte de ambos intérpretes marca el ritmo, la tensión y la atmósfera de una función que no da tregua.

Más allá de su despliegue corporal, el verdadero núcleo de Fronteras radica en la brutalidad de sus relatos, conectando de forma directa con la dolorosa actualidad de los conflictos bélicos y sacudiendo al espectador a través de sentimientos tan intensos como la angustia, la desesperación y el enojo. La obra entrelaza con maestría dos historias de enorme impacto emocional y expectativas rotas.
La primera de ellas, encarnada por el personaje de Carolina Yuste, da vida a una mujer siria cuya existencia está profundamente marcada por el trauma y la supervivencia. Su herida psicológica se abre desde la infancia, en un recuerdo desgarrador: mientras jugaba en los columpios, irrumpen en el lugar dos hombres con actitud amenazante; su padre, al ver el peligro, le ordena correr de inmediato para salvarse. La niña huye, quedándose trágicamente traumatizada al escuchar desde la distancia el violento forcejeo y el chirrido de los columpios en el que terminan asesinando a su progenitor.
Años después, ya sumida en la crudeza del conflicto sirio actual, la protagonista vive la confusión de la guerra al creer que ha perdido a su madre en el estallido de una bomba, descubriendo más tarde que ella misma es quien ha resultado herida y que ha sido rescatada por su madre en el hospital. Es el retrato de una mujer intensamente luchadora que, a pesar del horror, se debate por seguir defendiendo su hogar, enfrentándose a la crueldad de ser capturada, maltratada y a un durísimo conflicto interno: al quedarse embarazada tras sufrir estas violencias, se desata en ella un rechazo absoluto a tener ese hijo, teniendo que lidiar con la desesperación de una maternidad impuesta en mitad de la devastación. Fronteras confronta así al espectador con el hecho de que, aunque la guerra sea un tema constante en los informativos actuales, la sociedad occidental sabe muy poco de lo que significa realmente vivirla en la propia piel.
Frente a la desgarradora realidad siria se sitúa el relato interpretado por Eneko Sagardoy, quien da vida a un fotógrafo cuyo impulso inicial y gran ilusión en la vida era, textualmente, salvar el mundo. Sin embargo, sus firmes ideales cambian radicalmente de rumbo al cruzarse en su camino un reportero profesional de gran renombre. Este periodista le pide que trabaje con él como fotógrafo con un objetivo muy concreto: capturar la imagen de Bin Laden.
Este encargo periodístico lo catapulta de inmediato a una fama arrolladora en el circuito internacional, pero también marca el inicio de su desvío moral. Atraído por las dinámicas del dinero, el reconocimiento y el estatus, el fotógrafo termina abandonando por completo sus motivaciones humanitarias originales. Su cámara pasa de retratar el dolor del mundo a capturar fiestas de la alta sociedad, celebridades, torneos deportivos de élite y grandes eventos de moda.
El clímax de su arco argumental llega con el doloroso reencuentro con aquel reportero que lo introdujo en la profesión, quien lo confronta duramente al recordarle la pureza de sus inicios con una frase demoledora que resume su caída: «Tú querías salvar al mundo y mira dónde has caído». Queda en evidencia ante el público que aquellos nobles ideales de juventud se diluyeron ante los focos del éxito comercial.
Con este impactante cierre a cargo de Fronteras, el Festival de Teatro de Málaga no solo despide su segunda edición superando todas las expectativas de calidad y contenido, sino que se afianza con fuerza en el mapa cultural de la región. La gran acogida de público y la profundidad de las obras representadas confirman que la ciudad sigue respondiendo con entusiasmo a las propuestas escénicas que invitan a la reflexión y al debate comprometido, dejando el listón muy alto para las próximas entregas del festival.






