Con la llegada del otoño, Málaga vuelve a experimentar un fenómeno tan curioso como incómodo para muchos vecinos: el olor penetrante y desagradable que emana de ciertos árboles urbanos y silvestres, especialmente en zonas residenciales, parques y caminos rurales. Aunque para algunos puede pasar desapercibido, otros lo identifican de inmediato por su similitud con olores corporales intensos, como el semen o el vómito. El responsable de esta peculiar invasión olfativa es el árbol conocido como ginkgo biloba, una especie milenaria que, pese a sus propiedades medicinales y su resistencia ambiental, genera controversia cada año por su aroma característico.
Un árbol milenario con doble cara
El ginkgo biloba es originario de China y se considera un “fósil viviente”, ya que ha sobrevivido prácticamente sin cambios durante más de 200 millones de años. En Málaga, como en muchas ciudades europeas, se introdujo por su resistencia a la contaminación, su belleza otoñal y su bajo mantenimiento. Sin embargo, lo que pocos sabían al principio es que las hembras de esta especie producen unos frutos que, al caer y descomponerse, liberan un olor intenso y desagradable que recuerda a fluidos humanos.
Este fenómeno se hace especialmente evidente en octubre y noviembre, cuando los frutos maduran y caen al suelo. En barrios como El Limonar, Cerrado de Calderón, Teatinos o zonas cercanas al campus universitario, los paseantes se ven sorprendidos por ráfagas de olor que invaden aceras, jardines y aparcamientos. “Es como si alguien hubiera dejado algo podrido en la calle”, comenta una vecina de la zona este. “Al principio no sabíamos de dónde venía, hasta que vimos los frutos aplastados bajo los árboles”.
¿Por qué huelen así?
El olor característico de los frutos del ginkgo hembra se debe a la presencia de ácido butírico y otros compuestos volátiles que se liberan al contacto con el aire. Estos compuestos son los mismos que se encuentran en el vómito humano o en ciertos quesos fermentados, lo que explica la reacción de rechazo que provoca en muchas personas. A pesar de ello, el árbol no representa ningún peligro para la salud, y sus hojas siguen siendo utilizadas en fitoterapia por sus propiedades antioxidantes y vasodilatadoras.
La polémica surge cada año cuando los frutos comienzan a caer y los servicios de limpieza municipales deben redoblar esfuerzos para evitar que se acumulen y fermenten en la vía pública. En algunas ciudades, como Madrid o Barcelona, se ha optado por plantar exclusivamente ejemplares masculinos, que no producen frutos. En Málaga, sin embargo, aún existen numerosos ejemplares femeninos, especialmente en zonas plantadas hace décadas.
¿Qué se puede hacer?
Desde asociaciones vecinales y colectivos ecologistas se han planteado varias soluciones para mitigar el impacto olfativo sin renunciar a los beneficios del ginkgo. Entre ellas, destacan:
- La poda preventiva antes de la fructificación.
- La sustitución progresiva de ejemplares femeninos por masculinos.
- La recogida temprana de frutos caídos por parte de brigadas de limpieza.
- La señalización informativa para que los vecinos comprendan el origen del olor y no lo atribuyan a causas insalubres.
Además, algunos expertos en botánica urbana defienden la necesidad de revisar los criterios de plantación en espacios públicos, teniendo en cuenta no solo la resistencia y estética de las especies, sino también su impacto sensorial y social.
Un otoño entre aromas
Más allá del ginkgo, el otoño en Málaga trae consigo una explosión de aromas naturales: la humedad de la tierra, el perfume de los cítricos, el olor a castañas asadas en los mercados… En ese contexto, el olor del ginkgo se convierte en una nota discordante que despierta curiosidad, incomodidad y, en algunos casos, incluso humor.
“Es un árbol que no deja indiferente a nadie”, comenta un jardinero municipal. “Tiene una historia fascinante, una hoja preciosa, y un olor que te obliga a mirar hacia arriba y preguntarte qué está pasando”.
Mientras tanto, los vecinos siguen conviviendo con este visitante otoñal que, año tras año, marca su presencia en las calles de Málaga con una fragancia difícil de ignorar.







