Buenos días. Hoy no escribo solo para informar, sino para despertar conciencia. Porque detrás de las estadísticas frías, los titulares pasajeros y las diplomacias cómplices, hay un pueblo que sufre. Un pueblo que ha resistido décadas de ocupación, bloqueo, despojo y ahora, una masacre televisada en tiempo real: el pueblo palestino, especialmente en Gaza.
Lo que ocurre en Gaza no es un conflicto más. Es un genocidio en curso, transmitido como si fuera un reality trágico. Niños, mujeres, ancianos, familias enteras desaparecen bajo los escombros de hospitales, escuelas, refugios. Cada bomba es una violación del derecho internacional. Cada bloqueo de ayuda humanitaria es un acto de crueldad planificada. Y mientras tanto, el mundo mira. Algunos lloran. Otros condenan con palabras vacías. Y muchos, simplemente, callan.
Pero “quienes callan, otorgan” . El silencio no es neutral. Es complicidad. Es dar permiso para que continúe el exterminio. Es permitir que el poder se imponga sobre la dignidad, que las armas de precisión destruyan no solo casas, sino sueños, historias, raíces. Gaza no es un territorio en disputa; es un campo de concentración a cielo abierto, donde más de dos millones de personas viven hacinadas, sin agua potable, sin electricidad, sin esperanza, sometidas a un asedio que dura más de 16 años.
Este no es un problema religioso, ni un conflicto binario entre dos bandos. Es una cuestión de derechos humanos. De justicia. De humanidad. Israel, con el apoyo incondicional de potencias como Estados Unidos, continúa una política de aniquilación sistemática, mientras se justifica bajo el manto de la seguridad. Pero ¿qué seguridad puede existir sobre las tumbas de inocentes? ¿Cuántos muertos más se necesitan para que el mundo diga: !Basta!?
La urgencia no puede esperar. No podemos quedarnos de brazos cruzados.
¿Qué podemos hacer nosotros?
Primero: informarnos con fuentes confiables, críticas y libres de sesgos. Segundo: hablar. Romper el silencio en nuestras redes, en nuestras familias, en nuestros círculos. Tercero: exigir a nuestros gobiernos que suspendan la venta de armas a Israel. Cuarto: apoyar organizaciones humanitarias que trabajan en Gaza, como el Comité Internacional de la Cruz Roja, UNRWA o Médicos Sin Fronteras. Quinto: consumir con conciencia, boicoteando productos que financien la ocupación.
Y a los mandatarios políticos “,les decimos: su papel no es callar por intereses diplomáticos o económicos. Su deber es proteger la vida. Deben usar su influencia para exigir un alto al fuego inmediato, levantar el bloqueo de Gaza, garantizar el acceso humanitario sin condiciones y presionar por una solución justa y duradera: un Estado palestino independiente con fronteras seguras, con Jerusalén Este como capital, basado en las resoluciones de la ONU.
Se trata de tomar partido por la humanidad. Por la justicia. Por la vida.
El genocidio no puede seguir siendo un espectáculo televisado. Palestina no es un tema de debate, es una emergencia moral. Y cada día que pasa sin acción, el mundo pierde un poco más de su alma.
Levántate. Habla. Actúa. Porque mientras haya un niño palestino bajo los escombros, ninguno de nosotros puede dormir en paz.
@ Cristina Marley






