Enrique Cabezón ha publicado un manifiesto donde deja, en forma de treinta poemas o “fracturas”, una herencia a los futuros poetas. Un poemario que huye del narcisismo, de todas las reglas clásicas y reflexiona sobre lo que conlleva la gravedad de ser (o creerse) poeta.

Cabezón nació en 1976 en Logroño y actualmente es ilustrador, escritor, editor, diseñador gráfico, poeta y activista (aunque él prefiere denominarse “dinamitador cultural”). En 2003 publicó su primer poemario, Territorio de ceniza, y desde entonces no ha dejado de escribir y coordinar eventos poéticos como el famoso festival “Agosto clandestino. Poetas en La Rioja”. A todos estos logros hay que sumarle los tres discos que ha grabado junto a su banda de rock enBlanco.
El filósofo y profesor de la Universidad de Zaragoza Pablo Lópiz Cantó afirma, en su prólogo, que “este manifiesto es un testamento (…), la herencia a los poetas del futuro que, recordémoselo, ya están entrados, también ellos, en años, así como nuestras exigencias”. Un poemario crítico, social, filosófico, con toques de humor que, al estilo de Enrique Cabezón consigue un objetivo claro: no salir ileso después de su lectura. Porque el lector, el poeta, se plantea si es necesaria tanta rigidez, tanta “gravedad”, tanto egocentrismo que durante años ha rodeado la romántica figura de aquella persona que escribe versos. ¿Es que, acaso, el poeta tiene miedo a la muerte y son esos versos los que le pueden salvar del olvido eterno, de “sobremorir a la vida”?
Este es un libro que nos hace reflexionar sobre cuestiones como la herencia del artista o sobre las mentiras que tejemos para crear una imagen de cara a la sociedad que no se corresponde con nosotros mismos: “Muchas risas y mucha verdad/ para tanta trampa y mentira”.
Como aclara el propio Enrique Cabezón, “la distinción entre poema y no poema/es demasiadas veces tenue”. Aquí entramos en consideraciones más filosóficas que Pablo Lópiz transforma en afirmación la pregunta retórica que formula Cabezón en uno de sus poemas: “Un poema es una güija”. Y es que, “¿cuánto hay de artista en un espiritista?”. Quizás el poeta que lea este manifiesto consiga una respuesta o, quizás, surjan numerosas preguntas ante una realidad que nos empuja cada vez más hacia adentro, hacia un individualismo que impide romper las leyes de la gravedad y la desobediencia.
PPT ediciones es la editorial de la Plataforma de Poetas por Teruel que sacó su primer libro hace tan solo un año y ya han publicado a seis autores: Víctor Guiu Aguilar, Gisela Martín Nagore, la traducción de Huang Fan por Ricardo Díez Pellejero y Yohana Anaya Ruiz. Próximamente publicará el nuevo poemario de José Blanco, Derecho al olvido, una antología de los poemas escritos por el autor desde 2020 hasta hoy. Todos estos libros se pueden encontrar o pedir en librerías y a través del perfil de Instagram @plataformadepoetasporteruel.
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Reunidos todos para celebrar y celebrarnos la alegría,
la conciencia de pertenecer a la estirpe rota de los tristes,
esos que ríen como pían a cientos los estorninos,
enloquecidamente, a demasiado volumen siempre,
esos que tiemblan en las ramas de un árbol de otoño
que, como todo el mundo sabe, no es una estación
sino una enfermedad mental, una forma de violencia.
(…)
Fragmento del primer texto que conforma La gravedad de los poetas, de Enrique Cabezón.





