Una de las obras estrella de la Junta de Andalucía, la charca de Maroto en el Arroyo del Infierno, en Estepona, se ha enterrado como otros tantos diques construidos en arroyos. Algunos diques llevan instalados 50 años o más en diversos arroyos del Genal y de Sierra Bermeja, todos enterrados como consecuencia de los procesos naturales, pero los técnicos de las consejerías de Medio Ambiente y de Aguas no han sabido verlo.

La charca de Maroto era una de las obras estrella para la potenciación de la biodiversidad en la zona. Según comentó el técnico de la Junta Antonio Pulido Pastor, uno de los hombres fuertes de José Antonio Víquez, delegado de Medio Ambiente en Málaga: LA CONSTRUCCIÓN DE ESTANQUES ARTIFICIALES (DENOSTADAMENTE CALIFICADOS COMO PISCINAS PARA RANAS), en medios con escasez de charcas permanentes, se están mostrando como altamente eficaces en control de la erosión y el fomento de vida acuática, siendo de especial interés para anfibios, considerados como uno de los grupos con alto riesgo de conservación debido a la pérdida de cantidad y calidad de hábitat adecuado. Estas afirmaciones, muy propias de este negacionista climático, son del todo exageradas puesto que carecen de todo respaldo científico ya que no se trata de un medio con escasez de charcas porque el Arroyo del Infierno es un arroyo permanente con charcas a lo largo de toda su longitud donde se refugian los anfibios de la zona sin necesidad de alterar el régimen natural del arroyo. Las charcas artificiales, a diferencia de las charcas naturales, no están en equilibrio con la dinámica fluvial y terminan enterradas, como se comprueba con la mera observación en otros tantos sitios.
Esta charca comenzó su construcción hace 5 años por iniciativa de un agente de medio ambiente antes de su jubilación, contando con el respaldo de técnicos de las dos consejerías, lo cual contradice la “supuesta” experiencia de los profesionales de estos ámbitos. También ha contado con el apoyo de voluntarios “supuestamente” medioambientales, como Jordi Fabregat, que exponía en un comentario plagado de virtudes exageradas: 2 puntos de agua abundante durante todo el año, ya hemos podido comprobar que están siendo todos un éxito, habiendo sido vistas en las piscinas para ranas a salamandras, sapillos pintojos, lechuzas, jinetas… Y seguro que otros muchos animales e insectos que acuden a la fuente de la vida. Gran cambio para ese rincón del monte. Gracias a Maroto, los voluntarios y a la administración por la actuación conjunta en pro a una muy notable mejoría de un entorno que gana en biodiversidad y belleza.
Efectivamente, esta construcción ha contado con la colaboración de voluntarios ambientales institucionales (que no muestran su oposición a construcciones dañinas contra el medio ambiente), lo cual pone en cuestión el tipo de educación medioambiental realizada por el PP de la Junta de Andalucía.

No queda claro si ha habido un delito penal por haber sepultado anfibios vivos, algunos protegidos, ya sean sus formas larvarias o los adultos. El delito dependerá de cómo de buenas hayan sido las charcas de anfibios construidas en los arroyos, si han concentrado a tantos anfibios como se ha afirmado o bastantes menos.
No obstante, no es la primera actuación de la Junta que daña la biodiversidad o los ecosistemas por ignorancia de los propios técnicos, puesto que otras obras similares se han realizado en el Valle del Genal, afectando a especies amenazadas y protegidas, y en el Arroyo del Higueral, en la Fuente de los Cien Caños de Villanueva del Trabuco. También han sido eliminadas plantas amenazadas para transformar el hábitat de la Desembocadura del Guadalhorce y con apoyo de voluntarios, sin olvidar el malgasto de 12 millones de euros para evitar inundaciones en el Guadalhorce o la paralización por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de la depuradora que pretendía construir la Junta de Andalucía sobre los terrenos inundables de la Vega de Mestanza. Todos ejemplos de la falta de rigor técnico en actuaciones de la Junta de Andalucía para la “conservación” de los ecosistemas.






