Estamos a solo unos días de Navidad. El calendario marca el 29 de noviembre de 2025: quedan exactamente 26 días para la Nochebuena. En las calles ya se escuchan villancicos, los escaparates se visten de luces doradas, y las redes sociales se llenan de listas de deseos, recetas tradicionales y planes familiares. Pero detrás de esa fachada brillante, muchas personas experimentan una extraña paradoja: mientras el mundo entero celebra, ellas se sienten más solas que nunca.
La Navidad, paradójicamente, puede ser una de las épocas más difíciles del año. No es solo el frío del invierno ,especialmente en el hemisferio norte, sino la carga emocional que arrastramos: ausencias recientes o antiguas, relaciones rotas, duelos no resueltos, la presión social de “tener que ser feliz”, o simplemente la comparación constante con versiones idealizadas de la vida ajena. Esa nostalgia que se disfraza de melancolía, ese silencio que pesa más en medio del bullicio navideño.
Pero aquí es donde entra una pregunta poderosa:
¿Es posible vivir con sentido e ilusión ,no a pesar de la tristeza, sino incluyéndola?
Sí. El sentido no nace de la ausencia de dolor, sino de la capacidad de nombrarlo, acogerlo y seguir avanzando con él, no contra él.
Viktor Frankl, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, escribió en El hombre en busca de sentido:
“Todo puede ser quitado a un hombre, salvo una cosa: la libertad última de elegir su actitud ante cualquier conjunto de circunstancias.”
Esa actitud no es negar el duelo ni forzar una sonrisa. Es permitirse decir: “Hoy me cuesta. Hoy siento vacío. Hoy extraño.” Y aun así, elegir pequeños gestos de cuidado: una taza de chocolate caliente saboreada con calma, escribir una carta a alguien que ya no está pero que sigue vivo en el corazón, regalar un abrazo sincero a quien también está pasando por una temporada oscura.
La ilusión no siempre es ruido y fiesta. A veces es íntima, callada, casi imperceptible:
– La ilusión de sembrar una planta y esperar su brote.
– La ilusión de aprender algo nuevo, aunque sea solo cinco minutos al día.
– La ilusión de perdonar a otros, o a uno mismo, antes de que acabe el año.
– La ilusión de creer que el próximo capítulo puede ser distinto, no por magia, sino por elección.
Estas fechas pueden ser un recordatorio, no de lo que falta, sino de lo que todavía puede se ¿Y si en lugar de compararnos con la Navidad perfecta de las películas, diseñamos una Navidad auténtica?
Quizá no habrá mesa llena, pero sí una cena compartida con un amigo que también está solo.
Quizá no habrá regalos costosos, pero sí una carta escrita a mano que diga: “Te veo. Te agradezco. Estoy aquí.”
Quizá no habrá villancicos en casa, pero sí música que cure , aunque sea jazz en la oscuridad, o silencio sagrado.
Vivir con sentido es saber que nuestras heridas no nos descalifican para la esperanza. Al contrario: nos capacitan para empatizar, para construir puentes, para ser luz desde la sombra. Y vivir con ilusión no es creer que todo será fácil, sino confiar en que vale la pena seguir. Que cada acto de bondad, por pequeño, siembra futuro.
Así que, si hoy sientes el peso de estas fechas…
respira.
No estás roto. Eres humano.
Y ser humano ,con dudas, con añoranzas, con preguntas sin respuesta, es, en sí mismo, una forma de coraje.
Quedan 26 días hasta la Navidad.
No están contados para que te apresures a fingir felicidad,
sino para que, poco a poco, vayas construyendo tu propia luz.
Una, que no depende de las circunstancias
sino de la decisión diaria de vivir con verdad, con ternura, con sentido
aunque sea con una lágrima en el ojo y una sonrisa en construcción.
Feliz preparación.
Que esta temporada no te exija ser más,
sino que te permita ser, simplemente, tú, y descubrir, en medio de todo, que eso ya es suficiente.
🕊️
¿Y tú? ¿Cómo eliges vivir estos días?
Comparte, si te apetece: ¿qué pequeña ilusión llevas contigo este año?
@Cristina Marley 2025





