Ayer, lunes 14 de julio, Málaga vivió una escena que más que insólita, resultado sintomático del hartazgo social que se respira en muchos barrios periféricos. Una veintena de vecinos, convocados por la Asociación de Vecinos «Proyecto Dignidad para Miraflores de los Ángeles», se armaron de cepillos, cubos y valor cívico para limpiar con sus propias manos la entrada del Colegio Público de Infantil y Primaria «Miraflores de los Ángeles». No se trataba de una acción voluntaria al uso, sino de una protesta directa contra lo que califican como abandono institucional de los barrios populares por parte del Ayuntamiento.
La puerta del colegio, situada en plena vía pública, se encontraba cubierta de orines, chicles pegados y otros restos que evidencian una falta alarmante de limpieza y mantenimiento. “Esto no es sólo suciedad, esto es desprecio”, afirmaba una vecina mientras restregaba el suelo con determinación.
Mientras el centro de Málaga brilla por sus escaparates, su pavimento reluciente y la constante rotación de vehículos de limpieza, en las zonas barriales los cubos se desbordan y las calles apestan. La desigualdad social urbana se huele, literalmente. Esta brecha se ensancha cuando se descubre que el Ayuntamiento ha destinado más de 800.000 euros a estudios para remodelar el estadio La Rosaleda —proyecto que finalmente no se llevará a cabo— sin que nadie se haya planteado mejorar la salubridad en espacios escolares que usan cientos de niños cada día. Mientras, desdice otros 800.000 euros (de un presupuesto de 1260 millones de euros) para pagar a una contrata privada para que durante tres años desinsectice la ciudad y la desratice, cantidad de dinero que evidentemente es muy insuficiente.
Malagueños en acción
Los vecinos, ante la impotencia, han decidido pasar a la acción. Ya no basta con reclamar. Ya no vale escribir cartas. Lo urgente supera lo simbólico. Lo vital se convierte en protesta física, visible y contundente.
La imagen de ciudadanos fregando la acera frente a un colegio, con el Ayuntamiento mirando hacia otro lado, debería avergonzar a cualquier administración sensible. Pero en Málaga, según denuncia la Asociación, se priorizan los “grandes proyectos urbanísticos” y la especulación antes que la higiene pública y el bienestar de los barrios. Porque parece que lo que no se ve desde la calle Larios no merece inversión.
Además, no se trata de una acción aislada. En otros lugares de la ciudad la plataforma Málaga Ha Vesos ha documentado múltiples zonas afectadas por abandono: aceras en ruinas, contenedores sin recogida regular, parques sin mantenimiento, y centros escolares sin condiciones mínimas de salubridad. Todo ello mientras se promocionan auditorías de rentabilidad para estadios y eventos privados que jamás llegan a materializarse.
“Nos quieren relucientes para el turismo, pero invisibles como ciudadanos”, resume una madre que participó en la limpieza con lágrimas de indignación. La protesta del colegio Miraflores no fue sólo una limpieza: fue un grito colectivo contra la desidia, el clasismo institucional y la política del escaparate.
Málaga, la de todos, no puede construirse desde la desinversión selectiva ni desde el olvido. Y mientras haya vecinos fregando lo que debería cuidar el Ayuntamiento, el conflicto seguirá escociendo como esa mancha que no se va.
La próxima protesta la tienen convocada los vecinos de la barriada de Santa paula el próximo jueves 17 a las 19:00 horas en su barrio.
Málaga Ha Vesos avisa: no se van a quedar de brazos cruzados esperando que la mierda devore a los barrios. En los próximo días habrá nuevas noticias.






