Hoy malagaldia ha estado presente en la entrega de premios de la II edición de Sabores de la Memoria, una iniciativa que rinde homenaje a la cocina tradicional malagueña a través de las manos y los recuerdos de cocineros aficionados mayores de 60 años. El evento, organizado por Vincci Selección Posada del Patio 5\* en colaboración con el Ayuntamiento de Málaga, ha sido un emotivo recorrido por los sabores que han marcado generaciones.
Durante el cóctel, tuvimos el privilegio de conversar con Ana Ríos, una de las participantes, que compartió con nosotros la historia de su plato: Arroz meloso de la huerta y el monte. Aunque no recibió uno de los cinco premios otorgados, su receta y su relato conmovieron profundamente a quienes la escucharon.
Este arroz no nació en una cocina de lujo, sino en un pequeño piso de 52 metros cuadrados, donde, en los años 60, vivíamos 15 personas: mis padres y mis 12 hermanos.
Con el único sueldo de mi padre, la comida era un tesoro. El día que aparecía con un conejo —que alguien le había regalado— se desataba en casa una auténtica fiesta. Mi madre, con los escasos recursos que tenía, lo preparaba frito, sencillo, sin más acompañamiento. Era el sabor de la celebración.
Al casarme, llevé conmigo ese recuerdo… pero también una carencia: no me gustaba ninguna verdura, porque nunca las habíamos comido. Fue el amor por mis hijas lo que me empujó a cambiar. No quería que ellas crecieran con el mismo rechazo, así que me propuse llenar sus platos con los colores de la huerta.
Así nació esta receta. En ella se unen los dos mundos de mi vida: el conejo, que representa el recuerdo festivo de mi padre y de mi infancia, y las verduras, que simbolizan mi aprendizaje como madre y el futuro que quise construir para ellas. El arroz, mi ingrediente fetiche, es el encargado de abrazarlo todo y convertirlo en un plato que cuenta la historia de mi vida.
Ana no solo cocinó un plato, sino que sirvió una memoria viva, un testimonio de resiliencia, amor y creatividad en tiempos difíciles. Su historia representa a tantas familias malagueñas que han hecho de la cocina un refugio y una forma de resistencia cotidiana.
Durante la presentación, se destacó que muchos platos merecían premio, pero solo cinco distinciones podían ser entregadas. Aun así, cada receta fue reconocida como un legado cultural que merece ser preservado.
Sabores de la Memoria no es solo un concurso: es un homenaje a quienes han cocinado con el alma, a quienes han hecho de cada ingrediente una historia, y de cada comida un acto de amor.





